Hijos

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No le peguen a sus hijos, eso sólo le enseña que alguien que te quiere te pega, y perpetúa el abuso y la violencia infantil.

Di conmigo: ¡No a los golpes !

Carta a una madre abusiva

Cuando crecía, sentía que no podía conformarte, que hiciera lo que hiciera no iba a ser suficiente. Te temía. Al crecer aprendí que no iba a permitir que tu inconformismo en la vida afectara mi existencia.

Siempre creíste que era fuerte hasta cuando mis piernas temblaban por tus gritos y tus manos agarraban mi cabellera para lastimarme.

Cuando crecí y tuve 13 años empecé a estar enojada: muy enojada por tu falta de comprensión y de entendimiento a mis necesidades. Pensé que no valía para merecer el amor incondicional de mi madre.

Nunca entendí cómo podías ser tan violenta. Pasaron los años, me hice mujer y comprendí lo difícil que es ser madre. Uno no quiere ver a sus hijos equivocarse.

Con muchos años, pude perdonarte que no hayas estado para mí de la forma en que yo necesitaba, y entendí que tampoco tus padres habían estado para ti.

Perdonarte a ti fue decidir no darte el poder sobre mí del rencor. Te agradezco: me mostraste que podías hacer un esfuerzo para mejorar las cosas y te suavizaste con el tiempo. También me pediste perdón y eso hizo una gran diferencia. Gracias por la oportunidad de revertir la situación.

CON TODO MI AMOR

DRA CABOULI

Un abrazo grande.

Sobre amor a los hijos (parte del libro ¡Auxilio!, tengo un hijo adolescente)
Estamos aquí para crecer, y aprender a conocernos, a entendernos a estar conscientes de nosotros mismos, y hay etapas tan duras y difíciles que nos llevan al mejor de nuestros crecimientos, y entramos en túneles intensos de energía que nos mueven y nos destruyen y nos reconstruyen en una versión mejorada de nosotros mismos, si hacemos bien nuestro trabajo, si no somos cobardes. El miedo paraliza, miedo a que, todo es efímero, todo termina, pero quién te quita lo disfrutado, si lo viviste al mil por mil, si fuiste tú auténticamente tú en tu vida, si amaste en serio, si te paraste en tus piernas a decir ésta soy yo, si no aceptaste que te compren, si supiste decir lo que pensabas aunque todos estuvieran en desacuerdo. Si tuviste la valentía de honrar tu ser y respetarlo, una vida auténtica de propósitos, con la frente para arriba.

Me he dado cuenta de que la mayoría de los padres no quieren aceptar los problemas de sus hijos, quieren verlos como seres perfectos, seres que no se enferman ni se confunden ni se traumatizan. Muchos padres mantienen un patrón familiar, “si uno se fija en el problema, entonces el problema está allí, así que lo mejor en esta situación es usar la negación.” Lo que sucede es que hay realidades o situaciones que no van a desaparecer por sí solas, por ejemplo, un papá que se dio cuenta de que su hijo tenía cierto atraso y se empeñaba a repetirme que era cuestión de que debía estudiar más. También dejó de llamarme cuando le sugerí que llevara a su hijo con un neurólogo. Tuve otra estudiante que tomó más de 30 veces el mismo examen sin lograr pasarlo, hasta que me fije que su mal resultado era una manera de castigar a sus padres por el divorcio. Ellos sí me escucharon y la llevaron a un psicólogo, no sólo logró pasar el examen sino que hoy en día es una profesional.

Hay muchas razones por las que un hijo tenga un comportamiento específico o por qué le va tan mal en la escuela, pero lo importante es que los padres no tengan miedo de verse a sí mismos en el espejo de la realidad y estén dispuestos a buscar la ayuda adecuada para solucionar los problemas.

CON TODO MI AMOR

DRA CABOULI

Un abrazo grande.